Un sistema inalámbrico que simplemente no defrauda. Ir a por la versión con la cápsula Beta 58A en lugar del SM58 tradicional es, sin duda, la mejor decisión si eres cantante. El salto de calidad es notable: el patrón supercardioide aísla mucho mejor la voz en escenarios ruidosos y corta la mezcla con un brillo espectacular, reduciendo drásticamente los problemas de acoples. Es la inversión perfecta para dar el salto al mundo inalámbrico sin dejarte el sueldo de tres meses.
Uso:
Es el plug & play llevado a la práctica. Lo he probado en ensayos y bolos de tamaño pequeño-mediano, y la señal en la banda S8 es súper estable y limpia (además de ahorrarnos problemas de licencias en la mayoría de sitios). La función QuickScan del receptor te salva la vida cuando llegas a una sala nueva: aprietas un botón, encuentra la frecuencia libre de interferencias más rápida, sincronizas el micro y a cantar. Cero cortes de señal hasta la fecha.
Características:
El sonido no tiene latencia perceptible al ser un sistema analógico, y respeta muy bien el rango dinámico de la voz. La autonomía es excelente; con dos buenas pilas AA te olvidas del tema durante varios conciertos (Shure promete hasta 14 horas y la verdad es que se acercan bastante). Como pequeña crítica constructiva, se echa en falta una pantalla en el micrófono con un medidor de batería más detallado, pero el LED de estado cambia a rojo con suficiente margen para que no te quedes tirado en mitad de un tema.
Fabricación:
Aquí es donde entiendes por qué tiene este precio y no el de las gamas QLXD o ULXD. El cuerpo del transmisor de mano (el micro) y el receptor están hechos de plástico ABS. Si estás acostumbrado al tacto frío y pesado de un micro de cable de metal, al principio te resultará excesivamente ligero en la mano. Sin embargo, no te dejes engañar: es un plástico robusto que aguanta perfectamente la batalla del directo, y la cápsula sigue estando protegida por la mítica e indestructible rejilla metálica de Shure.