JA
Una guitarra nostálgica y de buena construcción
La primera impresión al verla fue impresionante. Estéticamente perfecta, flipante.
Pero cuando hice sonar las primeras notas me decepcionó. A nivel acústico casi no sonaba, y el sustain era cero. Las cuerdas eran un horror, mis dedos sufrían muchísimo en cada intento. Los trastes sin pulir agudizaban una sensación "rasposa" y muy desagradable.
Cuando me decidí a conectarla al ampli, la cosa mejoró bastante. Ahí es cuando me di cuenta, que el verdadero carácter de esta The Loar, salía a relucir a través de su p90.
Toda la ganancia del intrumento aparece cuando la conectas al ampli.
Decidí ajustarla. Tras varias configuraciones esta es la que más partido le saca a este modelo:
Primero quitar esas horribles cuerdas de calibre 12 ó 13. Hidratar bien el diapasón con aceite de limón. Pulir los trastes (muy importante). Ajustar el alma al nuevo calibre de cuerdas (Gibson 10-45).
Ahora sí es flipante. El sonido ha mejorado un 200%, incluso el acústico. La manejabilidad un 300%, con un buen juego de cuerdas y el puente a 9,5 centímetros del cordal, la acción queda superbaja y supercómoda. El mástil es bastante rápido a pesar de su forna en "V", lo cual mejora mucho la estética.
Esta guitarra es un buen instrumento si no le exiges demasiado en lo acústico. A sabiendas que necesita unos buenos ajustes, entre los que destaca un cambio de cuerdas adecuado y un buen pulido de trastes.
Su verdadero sentido funcional "es eléctrico".
Ahora estoy encantado y me gusta mucho tocar en ella. Los afinadores son de buena calidad, son muy precisos y muy bonitos. El sonido amplificada, es muy vintage, se asemeja al de una ES 125 (sin cutaway).
Pero cuando hice sonar las primeras notas me decepcionó. A nivel acústico casi no sonaba, y el sustain era cero. Las cuerdas eran un horror, mis dedos sufrían muchísimo en cada intento. Los trastes sin pulir agudizaban una sensación "rasposa" y muy desagradable.
Cuando me decidí a conectarla al ampli, la cosa mejoró bastante. Ahí es cuando me di cuenta, que el verdadero carácter de esta The Loar, salía a relucir a través de su p90.
Toda la ganancia del intrumento aparece cuando la conectas al ampli.
Decidí ajustarla. Tras varias configuraciones esta es la que más partido le saca a este modelo:
Primero quitar esas horribles cuerdas de calibre 12 ó 13. Hidratar bien el diapasón con aceite de limón. Pulir los trastes (muy importante). Ajustar el alma al nuevo calibre de cuerdas (Gibson 10-45).
Ahora sí es flipante. El sonido ha mejorado un 200%, incluso el acústico. La manejabilidad un 300%, con un buen juego de cuerdas y el puente a 9,5 centímetros del cordal, la acción queda superbaja y supercómoda. El mástil es bastante rápido a pesar de su forna en "V", lo cual mejora mucho la estética.
Esta guitarra es un buen instrumento si no le exiges demasiado en lo acústico. A sabiendas que necesita unos buenos ajustes, entre los que destaca un cambio de cuerdas adecuado y un buen pulido de trastes.
Su verdadero sentido funcional "es eléctrico".
Ahora estoy encantado y me gusta mucho tocar en ella. Los afinadores son de buena calidad, son muy precisos y muy bonitos. El sonido amplificada, es muy vintage, se asemeja al de una ES 125 (sin cutaway).
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